The Storymatic

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“Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que hiciste. Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros, coge los vientos alisios. Explora. Sueña. Descubre” (Mark Twain).

La creatividad es imaginación constructiva. Es la generación de nuevas ideas o conceptos, o de nuevas asociaciones entre ideas y conceptos conocidos, que habitualmente producen soluciones originales.

No se el motivo por el que tenemos la manía de pensar en la creatividad como una expresión de libertad y, como tal, tenemos tendencia a creer que exige tener infinitas e ilimitadas elecciones para poder construirla con plenitud. Pero esto no es así. Por ejemplo, en las películas vemos a menudo como el protagonista siempre se rige por numerosas reglas. Reglas que se convierten en pequeños (o grandes) demonios o villanos que hay que superar para que la creatividad y la libre expresión puedan prosperar y seguir su cauce. Pero no es malo, esto hace que haya que buscar alternativas más imaginativas y creativas para poder superar las trabas. Por tanto, somos habitualmente mucho más creativos cuando nos enfrentamos a las reglas y límites impuestos.

Aquellos que me conocéis sabéis de mi pasión por los juegos narrativos, en cualquiera de sus facetas. Y hoy os voy a hablar de uno, no muy conocido por estos lares.

The Storymatic se vende como una muestra de escritura, una herramienta de enseñanza, un juego de salón, y un juguete. Todo eso en un mismo juego. A priori igual parece algo demasiado pretencioso, pero la verdad es que con pocas mecánicas lo consigue, e incluso a veces con creces. El motor de juego se basa en combinar, de la mejor manera posible, algunas de sus más de 500 cartas, y en crear una historia y desarróllarla con más o menos fortuna. Es un juego sin artificios ni colorantes, solo necesitas un montón de cartas y poner a funcionar la imaginación, unitaria y colectiva.

Estamos ante un juego creativo, en la misma línea que juegos tan famosos como Story CubesThink-ets y Dixit. Aunque se puede hacer un juego competitivo de todos ellos, la diversión en realidad viene de la realización de un proceso creativo con relativo éxito (también hay que definir que se considera un éxito). Sea como sea, en este tipo de juegos no se gana obteniendo el máximo número de puntos de victoria y venciendo a tus oponentes. Se gana creando una historia, con mayor o menor fortuna, que quieras compartir y narrar (al mas puro estilo cuentacuentos). Y cuánto más idílica, onírica y divertida, me atrevo a decir que mejor.

El juego trae un buen puñado de cartas doradas y cobrizas. Las cartas doradas se refieren, por lo general, a las personas (amputado, un no tan buen samaritano, un prisionero de guerra, etc.), mientras que las cartas cobrizas generalmente se refieren a lugares, cosas y eventos (primer día en el trabajo, flores de plástico, lo que fue dejado atrás, etc.).

En su forma más simple, los fundamentos de este juego no podían ser más sencillos. En primer lugar, se roban dos cartas doradas. Combina la información de estas dos cartas para crear tu personaje principal. Por ejemplo, si aparece “salud” y “boxeador amateur”, tu personaje es un cirujano que también es un boxeador en sus ratos libres. A continuación, roba una o dos cartas cobrizas. Deja que la información que aparece en estas cartas forme parte de una bonita historia que tenga como protagonista a tu personaje. Existen además dos sencillas reglas de oro que siempre hay que cumplir a rajatabla: el personaje debe cambiar en el transcurso de la historia (sin cambio no hay historia) y no se puede matar a tu personaje principal (que sin duda podría ser un cambio, pero que no se permite). Ahora narra. El mazo de cartas definen unos pequeños límites o trabas y a los jugadores le corresponden hacer uso de su creatividad e imaginación,  desbordada o no, para superarlos.

Hay literalmente miles de millones de historias escondidas (según reza su caja 6 trillones de combinaciones). Eso es un montón de historias, pero hay una cosa que falta – una persona que te diga cómo hacerlo.

El folleto de reglas que trae el juego (pdf) está lleno de indicaciones, sugerencias, y juegos para los escritores, los profesores, artistas visuales, y cualquier persona al que le guste narrar, contar historias y jugar. Aparte del juego básico, incluye otras ideas de cómo jugar. Algunas de ellas se sugieren para los actores que quieran trabajar en la improvisación, pero todos los ejercicios proporcionan a cualquier persona creativa nuevas formas de pensar acerca de los personajes y sus conflictos. ¿Quieres jugar con un gran grupo de amigos? The Storymatic sugiere una variante del juego que se basa en el clásico de cadáver exquisito, usado por los surrealistas franceses en el periodo entreguerras. Esto a nivel personal es algo que me encanta, que no se ciña a un conjunto de reglas fijas (como la mayoría de juegos) sino que te sugiera distintas o incluso que te sirva para crear las tuyas propias. Es más un experimento lúdico que un juego. ¿Os acordáis de “El estraño caso de la calle Morgue” que edito CEFA en los años ochenta? En su caja rezaba “juego sin reglas” y en su momento fue todo un reto (que la mayoría lamentablemente no entendió). Este al menos te sugieren distintas formas de juego, a gusto de cada uno. Así que no dejará indiferente a muchos.

The Storymatic es un juego realmente especial que necesita de la complicidad de los jugadores para aprovechar todo su potencial, por lo que si os gusta narrar historias estoy seguro que os gustará. Por contra, si no eres soñador o no te gusta crear mundos imaginarios, este tal vez no sea tu juego. A mi me ha parecido una genialidad minimalista. En la simpleza radica su originalidad e inteligencia. Y recuerda, la creatividad es un acto de fe, primero debes creer (que puedes) antes de crear.

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