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Diario de un componente

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Un caballero defendiendo un castillo (foto de Robert Hawkins)

Hola a todos, mi nombre es… bueno, en realidad, mi nombre no tiene importancia, lo olvidaríais rápidamente además. Pero seguro que recordaréis perfectamente si os digo lo que soy: un componente. Ese es mi trabajo. Esa es mi vida. Y me encanta. Por eso he decidido escribir un diario y compartirlo con todos vosotros. ¡¡Espero no aburriros!!

Lunes

Hoy, para comenzar la semana, me ha tocado ser loseta. No ha estado nada mal. Primero me tocó ser un precioso caminito de amarillenta arena en medio de la verde campiña. Enseguida se me juntaron otros colegas losetas y tuvimos un agradable rato de risas y charla. Después, un bonito cruce de caminos con una pequeña casita al final. Muy bonito sí, pero tan complicado de encajar que me pasé media partida solito. Menos mal que luego lograron conectar otra loseta con uno de mis caminos, y ya la tarde fue más llevadera con otro compañero de fatigas al lado.

Martes

Nuevamente loseta. Esta vez nada de caminos, me tocó llevar una preciosa muralla, con un trocito de ciudad que, además, tenía un escudo muy bonito. Tal vez debido al escudo (los jugadores no dejaban de nombrarle a cada momento), todos se daban de tortas por poner losetas a mi alrededor y la ciudad se extendía y se extendía. Tan grande llegó a ser que incluso nosotros estábamos callados, expectantes por ver si se terminaba tan impresionante muralla (alguno decía que a este paso iba a ser como la de China). Menudo griterío se montó cuando por fin alguien colocó la loseta final que la cerraba. Gritos entre nosotros y gritos entre los jugadores (uno feliz por los puntos que al parecer se llevaba y los otros echándose las culpas unos a otros por permitirlo).

Miércoles

Empiezo a estar cansado de ser loseta, aunque la verdad, tampoco hay muchas más opciones en este juego. Hoy lo peor ha sido que me ha tocado cargar con un meeple pelmazo que se pasó toda la partida contando chistes de chinos. Yo que me las prometía tan felices cuando me tocó ser loseta de monasterio. Una tarde tranquila para el descanso pensaba yo. Al instante siguiente, el jugador verde va y planta un meeple encima de mí, y resulta ser insoportable. ¡Ocho veces me contó el chiste de los noventa chinos jugando un partido de fútbol en una cabina *!

Jueves

Para variar hoy de nuevo loseta. Eso sí, he tenido el gusto de conocer a un montón de compañeros nuevos. Primero un meeple rojo que se plantó en uno de mis caminos. Luego uno verde que se puso en el otro, y finalmente, el resto de la tarde de cháchara con dos meeples granjeros, que sus dueños tumbaron a la vera de mis caminos, uno azul y otro amarillo. ¡Mañana tendré agujetas de aguantar tanto peso!

Viernes

Por fin me ha tocado otra cosa que no sea loseta. Por fin meeple (ya sabéis, ese muñequito de madera que le encanta a todo el mundo). Y la primera partida ha sido un mareo. Que si ahora ponte en este camino, que si ahora lo cierran y te vuelves al almacén, que ahora ponte en esta muralla, que ahora se termina la ciudad y al almacén de nuevo. ¡¡Qué estrés!! Al menos en la última partida he podido recuperarme del todo. Mi dueño, un chaval muy majete, ha tenido la grandísima idea de colocarme tumbadito en una pradera nada más comenzar la partida. Y allí me he tirado más de media hora hasta que terminó la partida, descansando allí tumbadito, sabiendo que mi trabajo estaba hecho. ¡¡Qué placer!!

Sábado

Hoy de nuevo me ha tocado en suerte ser meeple. Tenía los dedos cruzados para que mi dueño de turno me tumbase de nuevo en una verde pradera, pero no ha funcionado. En vez de eso me ha tocado irme al tablero de puntuación. Que aburrimiento, todo el rato en el caminito numerado, avanzando de cuando en cuando, y hablando con mis otros compañeros de sufrimiento lo que buenamente se podía, pues tan pronto estábamos unos cerca de otros, como uno tenía que avanzar un buen trecho y teníamos que gritar para entendernos.

Domingo

Último día de la semana. Esta vez me tocaba ser loseta y además la primera en ponerse en la mesa. Qué importante me he sentido. Además luego enseguida se me han juntado viejos amigos a los lados, y la partida prometía ser muy entretenida allí rememorando antiguas batallitas. Pero nadie podía adivinar la catástrofe que se avecinaba. No se sabe de dónde ha venido, pero de repente en una de las sillas, ha aparecido un pequeñajo, de esos que no saben ni hablar. Se ha puesto de rodillas, y en un par de manotazos se ha cargado todo. A un par de compañeros les ha dado un buen tortazo, y me han dicho que incluso uno de ellos ha terminado en el hospital, porque del empujón, se cayó de la mesa al suelo. Yo he tenido suerte y sólo tengo un par de contusiones.  Bonita forma de terminar la semana. ¡Al final esto va a ser una profesión de riesgo!

* Noventa chinos jugando un partido de fútbol en una cabina telefónica. De pronto se oye una gran celebración: Goool goool goooool. Y la voz de uno de los porteros que dice: “Joder, es que me dejáis sólo”.

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